domingo, 14 de marzo de 2010

¿Quién secuestró a los maestros? 3a parte (de los falaces slogans de la pedagogía moderna)

Adueñarnos del mundo de las ideas, para que las nuestras, lleguen a ser las ideas del mundo
Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net

III. LOS FALACES SLOGANS DEL NUEVO SISTEMA EDUCATIVO

Frases que suenan interesantes para quien las oye sin analizarlas y que tienen como único objetivo desacreditar a los buenos maestros y a la educación formal y tradicional, de acuerdo con la estrategia sugerida por Gramsci, que más adelante veremos con detalle, para adueñarse del mundo de las ideas

Les presento algunos de ellos:

“Nuestro modelo educativo elimina el aprendizaje mecánico y repetitivo que identifica el saber con la memorización”

No entiendo qué tienen los pedagogos en contra de la memoria. La memoria es una facultad de la inteligencia, junto con la razón y la imaginación. Y la inteligencia, junto con la voluntad y la libertad, son las facultades que nos hacen diferentes a los animales.

Creo que es muy bueno desarrollar la memoria. No encuentro cuál es el error que ellos ven en hacer memorizar al niño las tablas de multiplicar, las capitales de los estados, la localización de los países, un poema, un cuento, una canción, una partitura de piano... los hechos históricos más relevantes para que entiendan la cultura en la que vivimos y mil cosas más. No encuentro nada de malo en desarrollar la memoria del niño. Al revés, lo encuentro extraordinariamente bueno e indispensable. Los grandes sabios de la historia poseían una extraordinaria memoria. Cualquier persona que se precie de ser culta, no lo es por lo mucho que ha leído, sino por lo mucho que ha podido retener en su memoria de aquello que ha leído. ¿Por qué los pedagogos insisten en anunciar que ya no harán memorizar al niño? ¿Es que quieren suprimir en ellos esa facultad de la inteligencia y hacerlos más semejantes a los animales?

Supongo que ellos quieren que mi hijo cuente bolitas y palitos cada vez que necesite multiplicar 3 X 4 (para que él mismo descubra el resultado). Yo creo que eso le dificultaría mucho la vida. Lo más eficaz es que mi hijo sepa de memoria (sí, de memoria) que 3 X 4 es 12 y que 7 X 8 es 56. De esta manera podrá emplear su tiempo en cosas mucho más productivas e interesantes.


“Nuestro modelo educativo elimina la transmisión directa de contenidos inconexos”

¿Perdón? ¿Me podrían decir cuándo la educación tradicional transmitió “contenidos inconexos”? Todo lo contrario. La educación tradicional siempre ha montado los nuevos conocimientos sobre conocimientos anteriores. Por eso se enseña primero a contar, luego a sumar, luego a restar y así sucesivamente... hasta llegar al cálculo diferencial e integral en el último año de bachillerato, habiendo ya pasado por el Álgebra y la Trigonometría. Jamás, en ninguna escuela (hasta antes de la invasión laicista y pedagógica) se habían transmitido contenidos inconexos. Ahora sí que se hace, con los nuevos sistemas educativos, pues el niño aprueba sin aprender y al no haber aprendido las bases anteriores, lo nuevo se le presenta como “contenido inconexo”.

Por otra parte... ¿qué tiene de malo lo transmisivo?. Las escuelas, institutos y universidades son precisamente eso: centros de transmisión del saber. Con la enseñanza transmisiva, las nuevas generaciones pueden aprovechar el saber acumulado de las anteriores.

Si se abandona el método transmisivo en las escuelas y mis hijos se ven obligados a descubrir todo por ellos mismos... ¡estamos perdidos!

Mi hija jamás descubrirá por sí misma cómo se hace el exquisito flan de la abuela, por más ingredientes (huevos, leche y azúcar) y refractarios hermosos que le ponga enfrente. O... tal vez sí lo descubrirá... algún día... después de varios experimentos y fracasos con flanes crudos, insípidos, aguados, duros, quemados o batidos. ¿No es mucho más sencillo (y práctico) que la abuela venga y le enseñe ella misma cómo hacerlo? Lo aprenderá en un dos por tres, sin fracasos, sin pérdida de tiempo y sin ingredientes desperdiciados.

Puse el ejemplo de un flan. No quiero pensar cuánto se va a tardar mi hija en descubrir por ella misma el Teorema de Pitágoras o las leyes de Euclides.

Claro que... pensándolo bien, los constructivistas (ahora llamados pedagogos) no buscan que el niño aprenda tan rápido, de hecho no quieren que el niño aprenda ni se esfuerce en aprender, sino que juegue, que esté contento, que trabaje en equipo durante muchas horas y diga su parecer... Pensándolo así... entiendo que no quieran invitar a la abuela, pues frustraría sus planes de entretenimiento y pérdida de tiempo.

No estoy exagerando. La semana pasada recibí una circular muy linda y colorida en la que se me avisaba que mis tres hijos de primaria tendrían en su escuela "La Semana del Sol naciente” en la cual, en lugar de tener clases, jugarían y harían experimentos divertidos para conocer los grupos alimenticios y las condiciones de una buena alimentación.

Bueno... quince minutos en mi cocina y despensa, bastarían y sobrarían para enseñarles a mis hijos, de manera muy amena, muy divertida y muy experimental , que los alimentos se dividen en frutas, verduras, cereales, lácteos y carnes: que unos tienen vitaminas, otros proteínas, otros grasas y azúcares y otros fibra... y que hay que consumirlos de manera balanceada para tener una buena nutrición. ¿Una semana completa? ¿Toda la Primaria sin clases? ¡Viva el constructivismo y la idiotización de la niñez!

Pronto regresaremos a la edad de Piedra, pues... aunque mi hija no logre descifrar los ingredientes exactos para el flan de la abuela, estoy segura de que mi hijo de seis años muy pronto descubrirá, con su observación y experimentación constructivista, que el Sol gira alrededor de la Tierra. Y como él lo descubrió solito y sin ayuda de nadie... los pedagogos le dirán que es verdad, que es su verdad, una verdad tan válida como todas las demás verdades que otros hayan descubierto.


“Un modelo basado en el desarrollo de competencias, que ayuda al niño a Aprender a aprender”

Esto sí es verdaderamente ridículo. “Aprender a aprender”...
Aprender a aprender ¿qué?

Se aprende aprendiendo algo, no aprendiendo a aprender algo.

Es como si llevara a mi hijo a una escuela de natación para que aprenda a nadar y después de un año el profesor me lo entregara diciendo “Señora... su hijo está listo ya para aprender a nadar. Todo este año le estuve dando clases de cómo aprender a aprender a nadar. Ya aprendió cómo aprender a nadar así que ya puede, ahora sí, aprender a nadar”

O... que la maestra de cocina me dijera: “Yo no doy clases de cocina, no enseño a cocinar, doy clases para que las niñas aprendan a aprender a cocinar” ¿De qué sirve eso, si no para perder el tiempo?

El cerebro no necesita aprender a aprender, pues siempre está listo para aprender. De hecho, el cerebro continuamente está aprendiendo algo. El proceso de aprendizaje en el cerebro es continuo desde que el bebé está en el seno materno. Todo lo que vemos, todo lo que tocamos, todo lo que oímos... todo es aprender en cada segundo de nuestra vida. El cerebro no necesita de ninguna preparación previa para empezar a aprender.

Señores pedagogos, se aprende a contar, contando; se aprende a leer, leyendo; se aprende a escribir, escribiendo. No necesitan enseñarles a mis hijos cómo aprender a aprender a leer... háganlos leer, por favor.

De hecho, los niños aprenderán aunque no les enseñen, pues su cerebro está hecho para aprender siempre. Si no le enseñan a un niño las fórmulas elementales de la física en la escuela, las aprenderá él solo, pero las aprenderá como no las debe aprender. Aprenderá, por ejemplo, que fuerza es igual a masa por aceleración (F=ma) cuando un amigo borracho le dé un mazazo en la cabeza. Si no le enseñan que la velocidad es igual a la distancia sobre el tiempo (v=d/t), lo aprenderá cuando no pueda frenar en el coche y se estrelle contra un poste. Si no le enseñan las Leyes en la escuela, aprenderá en la calle cómo esquivarlas y violarlas impunemente. Si no le enseñan Historia, la aprenderá (muy mal) leyendo las noticias de la prensa.

Los niños no necesitan “aprender a aprender”, porque siempre están aprendiendo. Por eso resulta indispensable que en la escuela aprendan todo lo que es verdadero y bueno, para que no aprendan lo incierto y nocivo en otros lugares.


“Sustituye al modelo tradicional que transmite contenidos anclados en el pasado”

Queda comprobado que estos pedagogos están peleados con lo tradicional.

Olvidan que los grandes genios y sabios de la humanidad aprendieron con el método tradicional, pues sus novedosos métodos no existían en tiempos de Platón, Sócrates, Newton, Einstein y un larguísimo etcétera... hasta llegar a los grandes pensadores, intelectuales y científicos (de más de 40 años) de nuestros días. Si tan malo es el método tradicional, ¿de dónde salieron todos esos genios?

Todos ellos aprendieron con el método tradicional en el cual el discípulo aprende de la sabiduría y conocimientos que le transmite su maestro y luego, de manera natural y lógica, llega a superarlo, tanto en conocimientos como en sabiduría.

No veo qué tenga de malo un modelo en el cual el alumno debe prestar atención a las explicaciones del maestro, pedir la palabra cuando tenga alguna duda y después hacer los ejercicios para afianzar en la práctica, los conceptos teóricos.

Si el modelo tradicional fuera tan malo como dicen los pedagogos, no hubiera habido ningún avance en la ciencia, la tecnología y el saber desde el medioevo hasta nuestros días.

Sin ir más lejos... Jesucristo, siendo Dios, escogió el modelo transmisivo y tradicional para enseñar a sus discípulos. Nadie en el Universo conoce mejor la psicología humana que Él, pues Él mismo fue el creador del hombre. Supongo que los pedagogos creen saber más que Dios.

Creo que nuestros pedagogos están confundiendo lo novedoso con lo bueno y creen que es malo todo lo que no es novedoso. Eso es entendible en el pensamiento de un adolescente inmaduro que cree que todo lo nuevo es bueno, pero... no en un educador.

Por otra parte... me gustaría mucho que me aclararan cuáles son los “contenidos anclados en el pasado” de los que hablan. ¿Será que ya no quieren que los niños estudien a Sócrates y a Platón? ¿Qué ya no lean a Miguel de Cervantes ni a Shakespeare? ¿Qué ya no estudien Historia Universal? ¿Considerarán que las leyes de Newton están pasadas de moda? ¿Se referirán a las enseñanzas de Jesucristo, por tener 2000 años de antigüedad? ¿Cuáles son, señores pedagogos, los contenidos “anclados en el pasado”?


“Modelo centrado en el estudiante y no en el maestro como protagonista”

“Centrado en el estudiante” ¿Qué tiene esto de novedoso?
Vayamos al maestro más tradicional de la historia. Cuando recita las tablas de multiplicar, lo hace para que el alumno las memorice. No lo hace para repasarlas él. Cuando hace un dictado y corrige las faltas de ortografía, lo hace para que el alumno (y no él) aprenda a escribir correctamente. La educación tradicional SIEMPRE ha tenido como centro al estudiante, no al maestro. Todas las explicaciones, ejercicios y tareas de la educación tradicional están dirigidas a la superación y al aprendizaje del alumno. El alumno es, y siempre ha sido, el sujeto y el objeto de la educación tradicional.

Y ahora, además, existen herramientas interactivas maravillosas que ayudan a que el maestro ya no tenga que emplear el tiempo en escribir las tablas sobre el pizarrón. Pero el método es el mismo (el maestro enseñará y el alumno repetirá y practicará las tablas hasta dominarlas por completo). Lo único que cambia son las herramientas, que ahora son más variadas, interactivas y poderosas y ayudan a que el alumno aprenda más cosas en menos tiempo.

Hay niños con ganas de aprender, que podrían aprender mucho más en un sistema más exigente, más ordenado, que no lo obligara a convivir con quienes no tienen el menor interés por enseñar.


“Modelo que integrará todas las materias”

Eso también es muy tradicional, queridos pedagogos. Basta con mirar a los sabios del Renacimiento. Curiosamente los mejores artistas, pintores, arquitectos, compositores, también eran los mejores matemáticos, teólogos e historiadores.

Las materias no deben integrarse de manera ficticia desde la administración del colegio, obligando al profesor de Biología a poner a hacer operaciones matemáticas a los alumnos para calcular el volumen del hígado; ni obligando al profesor de Natación para que los alumnos calculen el volumen de agua que sacan de la alberca en un clavado.

Las materias estarán integradas en la medida que tenga la cultura general de cada uno de los maestros. Si el maestro de Matemáticas sabe también mucho de Historia, de Geografía, de Filosofía y de Arte, se los transmitirá a los alumnos de manera natural. Pero eso... no se logra enviando a los maestros a jornadas pedagógicas... se logra poniéndolos en contacto con unas cosas muy tradicionales y antiguas que se llaman libros. Que lean mucho... de su materia y de las otras materias.


“El nuevo sistema acaba con las evaluaciones sancionadoras”

¿Me podrían decir, estimados pedagogos, cuándo ha sido “sancionadora” una evaluación? Los exámenes son sólo eso: evaluaciones. Y lo que hacen es solamente evaluar el conocimiento adquirido. Una calificación en un examen no es un premio para el que sabe ni es un castigo para el que no sabe. Es sólo una señal cuantificable, una medida objetiva, de que el niño ha aprendido suficientemente bien o de que necesita estudiar de nuevo.

Que los papás impongan luego un castigo por las malas notas en el examen... eso no quiere decir que el examen en sí mismo sea un castigo. Por el contrario, los exámenes son la oportunidad para ver si el alumno ha tenido un aprendizaje efectivo y, si no lo ha tenido, poner a tiempo las medidas correctivas necesarias, ya sea en la manera de explicárselo o en la manera de estudiar. Los exámenes son una herramienta eficaz para asegurar que el alumno terminará el curso sabiendo todo lo que debió haber aprendido.

Con el deseo de los pedagogos de eliminar las evaluaciones y las calificaciones... sustituyéndolas por hermosos sellos que dicen “ERES UN CAMPEÓN” (sin revisar siquiera las respuestas ni la calidad del trabajo entregado)... ahora nadie se entera de si el niño está aprendiendo o no (ni los maestros, ni los padres, ni el mismo niño) y... pasa al siguiente curso en blanco, convencido de que da igual saber o no saber; hacer las cosas bien o hacerlas al aventón. El resultado es el mismo: “ERES UN CAMPEÓN”

He escuchado a muchos amigos, profesores de universidad, seriamente alarmados por los escasísimos conocimientos con que están llegando los alumnos a las facultades, sobre todo en las áreas matemáticas y en el lenguaje. Es una pena, porque, si los jóvenes no dominan el lenguaje, muy difícilmente serán capaces de dominar el pensamiento y si no dominan las matemáticas, muy difícilmente llegarán a dominar la ciencia.

Lo más penoso es que los jóvenes no se avergüenzan de ello. Llegan a la Universidad sin saber qué es el Teorema de Pitágoras, no tienen idea de quién fue Miguel de Cervantes, no pueden decir completos los Diez Mandamientos, no saben si Colombia está en América Central o en América del Sur... no saben ni siquiera expresarse correctamente y son incapaces de redactar un párrafo coherente con la puntuación correcta y sin faltas de ortografía... Y ¡no les importa! Se ríen, les parece gracioso ser ignorantes.

Claro... a fuerza de haber sido evaluados sin impunidad, han llegado a creer que no tienen importancia el conocimiento, el saber y la cultura. Están convencidos de que les irá igual de bien que a los que sí saben, pues siempre sucedió eso en su escuela: los que estudiaban y los que no estudiaban; los que sabían y los que no sabían... al final, todos pasaban el curso.


“Nuestras evaluaciones son participativas, involucrando a todos los implicados: al alumno, al maestro, al resto del personal docente y administrativo, al grupo de psicólogos y a las familias, para asegurar el desarrollo integral de todas las facetas de la personalidad del alumno”

Esto es terrible y creo que va en contra de la relación de confianza que debe existir entre un maestro (de los de verdad) y un alumno. ¿Qué tienen que hacer los demás, opinando acerca de las calificaciones que mi hijo merece?

Imagino la escena: Un alumno obtuvo un seis en el examen de matemáticas. Un seis objetivo: seis aciertos en diez preguntas.
El psicólogo opina: “No, es un niño muy débil psicológicamente, si le ponemos seis, su autoestima se dañará, propongo que le pongamos ocho”
El profesor de natación opina: “Si le ponemos seis u ocho, bajará su rendimiento deportivo, mejor nueve”
El administrativo dice: “Tiene todas las cuotas al corriente, se merece mejor calificación”
Y la mamá termina: “Estudió tanto mi niño... yo lo vi estudiar... se merece una buena calificación”
Entre todos deciden ponerle un “SOBRESALIENTE!”

¿Qué clase de evaluación es esa? ¿Para qué sirve?

Basar las evaluaciones en aspectos subjetivos sólo distorsiona la realidad y genera una gran inseguridad en el niño, pues nunca sabrá qué es lo que realmente debe hacer para ser mejor evaluado.


“No nos enfocamos en transmitir contenidos que el alumno puede ya encontrar en la Internet”

Justamente porque el niño puede encontrar millones de contenidos en la Internet, es por lo que se hace más urgente que nunca proveerlo de contenidos ciertos y confiables y de una estructura mental lógica y ordenada que le ayude a discernir.

Nuestros niños están sumamente despistados por la cantidad de información que reciben continuamente de todos los medios (no sólo la Internet). Oyen miles de opiniones diversas acerca de todas las cuestiones. Están bombardeados de información incierta y falsa.

Debemos brindarles la seguridad de que sus preguntas tienen una respuesta verdadera. Debemos mostrarles la verdad, para que entonces ellos puedan desechar el resto de las respuestas erróneas que encontrarán en la red, que escucharán en la radio, que verán en el cine y en la televisión.

Si no les damos contenidos confiables en la escuela, crecerán convencidos de que la verdad no existe o de que existen muchas verdades y que él puede adoptar la que mejor le convenga en cada circunstancia.

Para aprender algo nuevo, uno siempre se apoya en lo que ya sabe. El niño que más cosas sepa al salir de la escuela, más puntos de apoyo tendrá para aprender cosas nuevas. El aprendizaje tiene la particularidad de que cuanto más aprendes, más sed tienes de aprender más; cuanto más sabes, más ganas tienes de saber más. Si nuestros hijos salen de la escuela sabiendo poco, por muchas destrezas que le hayan inculcado, es muy difícil que les broten de repente las ganas de aprender. Y... aunque les brotaran... su cerebro no estará suficientemente desarrollado para entender conceptos más elaborados.


“Libros de texto modernos, atractivos y adecuados a la idiosincrasia del alumno”

Da pena hojear los libros de texto que ahora llevan nuestros hijos, especialmente en Bachillerato: Grandes ilustraciones a cuatro tintas, papel couché de muchos gramos, pasta dura, hermosas fotografías dignas del National Geographic, bonitas historias ilustradas y... nada de contenido sustancial de la materia y ni un solo ejercicio de práctica o evaluación.

Cada vez que los veo, añoro a nuestro arcaico Baldor y los Cuadernos Alfa... de papel revolución, en blanco y negro y con cientos de ejercicios para volverte experto. ¡Qué buenos libros eran ésos!

Los libros de Primaria también dan pena... son menos elegantes que los de bachillerato, pero también están llenos de colores e ilustraciones y de muy poco contenido sustancial. Por poner un ejemplo, en el libro de Matemáticas de mi hija de 3º de primaria, aparece un problema que dice: “Juan tenía una pera y dos manzanas en una canasta. ¿Cuántas frutas tenía en total?”, los pedagogos (autores del libro) han dibujado a Juan con su canasta en media página, a dos manzanas rojas y brillantes en la otra mitad de la misma página y a la pera en la mitad de la página siguiente. Luego en la última mitad, aparece la ilustración de las dos manzanas, un gran signo de más y luego la pera. Al final... el espacio para responder a tan difícil pregunta.
Dos páginas completas de dibujos, para un problema sencillísimo. ¿Será que los pedagogos creen que una niña de 9 años es incapaz de imaginarse dos manzanas y una pera? ¿O será que quieren hacer libros sin contenido alguno?

En mi búsqueda de materiales que me ayudaran a enseñar a mis hijos lo que no les están enseñando en la escuela, he descubierto con tristeza que los pedagogos, además de haberse adueñado de las escuelas, también se han adueñado de las editoriales educativas y las mismas han dejado de editar los libros viejos y buenos, aquellos que fueron escritos por buenos maestros. Todo lo que hay ahora es igual.... mucho dibujo (muy pedagógico) y nada más.


“Utilizamos las herramientas didácticas más modernas y empleamos de manera inteligente y crítica las nuevas tecnologías para lograr una enseñanza adecuada a la época actual”

De nuevo los pedagogos confunden lo moderno con lo bueno. Es irrelevante que las herramientas didácticas sean modernas o antiguas, cuando logran un aprendizaje eficaz. Los libros, el lápiz y el cuaderno son muy antiguos y no por eso dejan de ser buenos en la educación. Hay herramientas modernas muy buenas y otras no tan buenas. Y no necesariamente “las más modernas” son las más buenas.
En cuanto a lo del “uso inteligente de las nuevas tecnologías”, me alegro que lo hagan de esa manera, pues usarlas sin inteligencia sería muy malo. Por cierto.... los maestros tradicionales (yo soy uno de ellos) también sabemos usar (y usamos) las nuevas tecnologías en la enseñanza. No necesitamos que los pedagogos nos enseñen a utilizarlas.


“Una educación con contenidos objetivos y neutros, que no arrastren al niño hacia ninguna ideología particular”

La mentalidad igualitarista de la pedagogía moderna forzosamente desea aplastar u opacar a cualquiera que se distinga entre la muchedumbre. Quieren formar chicos “grises”, maleables, que se integren fácilmente a la sociedad, con la escala de valores que esté de moda y que cambie con los vaivenes de la opinión pública, para llevarlos a donde ellos quieran.

Por eso el nuevo sistema educativo ya no presenta ideales modélicos a los alumnos (los grandes genios, héroes, sabios y santos de la humanidad) pues no quiere que el alumno se destaque o se distinga, imitándolos, sino que se inserte de manera anónima en la sociedad consumista.

Para erradicar los modelos del sistema educativo, se pide a los maestros que impartan sus materias (especialmente la Historia) desde un punto de vista “neutro y objetivo”, presentando simplemente los hechos y sin dar ninguna opinión personal ni ningún juicio de valor.

De esta manera, los profesores de Historia ya no pueden narrar con emoción las grandes hazañas de los grandes héroes, ni juzgar a los grandes traidores de los pueblos. El niño actualmente aprende la Historia, no como algo apasionante que involucra grandes cerebros, grandes corazones, grandes estrategias y grandes intereses culturales, económicos y políticos, sino sólo como una serie descriptiva y amorfa de nombres, lugares y fechas sin sentido, pues nunca se le dice (con el pretexto de no ideologizarlo) quién es el héroe y quién es el villano del cuento, ni se le habla de las grandes pasiones que movieron a los hombres de cada época a actuar de tal o cual manera para cambiar el rumbo de la historia.

Nuestros niños, a falta de modelos históricos que, por su inteligencia, valentía y virtudes, lo pudieran atraer y lo impulsaran a imitarlos, están llegando a creer que los modelos a imitar son los “súper héroes” o las estrellas de rock, pues son a los únicos que ven brillar en una sociedad relativista.

Cito al P. Luis Garza, L.C. en su libro “La batalla por el alma del mundo”:

“La educación es lo que forma la mente y el cuerpo de las nuevas generaciones. En la educación están implicados los valores, los códigos de conducta que se transmiten de generación en generación. Por eso también es un campo de batalla para controlar el alma del mundo. Pero la educación tiene un agente primordial, que son los ejemplos de vida, los testimonios, es decir, padres, educadores, etc. Hoy en día es fácil percibir el ataque que se hace a los ejemplos que los niños encuentran en su desarrollo, de forma que éstos quedan desorientados y sin puntos de referencia. Cuando se devalúa la imagen de los agentes de la formación de los niños, quedan como modelos los “héroes” de las películas, los cantantes de moda, los deportistas, etc”.



LAS JORNADAS PEDAGÓGICAS OBLIGATORIAS PARA LOS MAESTROS

Desde hace dos o tres años, los padres de familia nos hemos visto sorprendidos por la suspensión de clases en las escuelas (un viernes cada mes) debido a las “Jornadas pedagógicas” que deben tomar los maestros de manera obligatoria. Muchos nos hemos visto en la necesidad de buscar a alguien que pueda cuidar a nuestros hijos esos días, con un costo económico no previsto en el gasto familiar, y muchos otros, nos hemos visto obligados a llevarlos con nosotros al trabajo para no dejarlos solos en casa, lo cual no es muy bien visto en la mayoría de las empresas y resulta peligroso en el caso de las madres que trabajan en fábricas industriales, donde no existe un espacio seguro para los niños.

Pero independientemente de esa molestia, no sé si alguno de nuestros pedagogos se puso a pensar, al programarlas, que quitar un viernes al mes de clases a nuestros niños, significa nada menos que disminuirles el 5% del tiempo que dedican a la escuela. No es poco... Si iban a aprender 100 a lo largo del año, ahora sólo aprenderán 95.

Ahora que, con lo poco que aprenden hoy en día, 100% de casi nada es prácticamente lo mismo que 95% de casi nada.

¿Qué les enseñan a nuestros maestros en esas jornadas pedagógicas? ¿Aprenderán a ser mejores maestros o es una especia de adoctrinamiento por parte del estado?

La verdad es que... ni lo uno, ni lo otro. Abajo les pongo el temario de los contenidos de estas jornadas, pero no es importante. Como veremos más adelante, el único objetivo de estos cursillos es dejar claro, en la mente de los maestros, que los pedagogos tienen un ascendiente intelectual sobre ellos.

Entonces, no importa lo que les den (que es pura paja pedagógica)

Contenidos de los cursillos pedagógicos:

- La psicología de los niños
- Dimensión afectiva y social en el aprendizaje y en la autoestima
- Diferentes modelos pedagógicos y didácticos
- Cómo seleccionar y formular los contenidos
- Diseño de actividades para el aprendizaje de materias concretas
- Uso didáctico de diferentes recursos
- Tendencias innovadoras en la educación
- Dinámica de grupos y trabajo cooperativo
- Funcionamiento de los centros y el trabajo con las familias
- Las normas legales existentes sobre el sistema educativo

Ni los buenos profesores lo son gracias a los cursillos pedagógicos, ni los malos van a mejorar gracias a ellos. Hay cientos de magníficos profesores que no han estudiado pedagogía y no les hace ninguna falta.

Jesucristo no envió a sus apóstoles a jornadas pedagógicas, no les hablo de “teorías cognitivas” ni de “los contenidos actitudinales” y, sin esa preparación, que nuestros pedagogos dicen es indispensable, les envió a la misión educativa más ambiciosa que puede existir: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura, enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he dicho.”

Me he puesto a pensar que tan no es necesaria la pedagogía moderna, que cualquier papá que llegase a necesitar contratar a alguien que le dé un curso de regularización a su hijo porque ha flojeado en matemáticas, no se le ocurriría buscar un pedagogo, sino un simple joven universitario que domine la materia. Creo que todos estamos conscientes de que cuando se trata de enseñar y aprender, poco importa la psicología del niño, el modelo de Gagné o la taxonomía de Bloom. Basta con alguien que conozca la materia, la entienda y pueda explicarla.

Les copio un texto del ideario del colegio Franco Inglés, de la Sociedad de María fundada por Jean Claude Colín, hablando de la pedagogía que aplican los sacerdotes maristas en sus colegios:

Al iniciar el siglo XXI y, a pesar de los cambios, los Maristas siguen fieles al proyecto educativo de su fundador. Conocen sus límites. No se trata de una pedagogía original e innovadora. Son, más bien, actitudes educativas de las que no se sienten propietarios exclusivos. Pero son testigos de que han dado su fruto y creen que todavía continúan dándolo. Sencillamente porque se inspiran en las fuentes del Evangelio.
“Si, colaboramos con Dios para formar un hombre. Eso es. Cuando un niño sale de manos de su nodriza, apenas si es un esbozo de hombre. Luego llega el momento de hacerlo hombre, de formar su voluntad, su carácter, su virtud, etc. Pues todo eso lo hace la educación. No hay cosa más grande. El niño recibe como su segunda creación”. (HF 13,33).
Colín tiene una idea grande del educador y del educando. El educador colabora con el Creador y está encargado de llevar a término el trabajo de Dios: revelar al alumno quién es y quién es para Dios. El educador coopera con el alumno en esta tarea, ya que, de hecho, nada se puede hacer sin su consentimiento y sin que él participe en su formación.


Si esta clase de ideas (muy antiguas y muy tradicionales) fueran las que transmitieran a nuestros maestros en las jornadas pedagógicas, la educación sería muy distinta y mucho mejor.


Continúa con la 4a parte: "LAS IDEOLOGÍAS ESCONDIDAS DETRÁS DE LA PEDAGOGÍA MODERNA"

Comentarios al autor:
lplanas@catholic.net
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miércoles, 10 de marzo de 2010

Andrés Iniesta: “El dios del fútbol” ha bajado del cielo

La sencillez con la que uno afronta la vida, también se transmite en la forma de jugar.
Autor: Jorge Ranninger, L.C. | Fuente: www.buenas-noticias.org

«El balón le cae a Etoo, la intenta controlar dentro del área, la pelota para Leo Messi, vamos Leo, se la deja a Andrés, Andrés, Andrés.... Goooooooollllll.......Gooooooooooolllll ............¡¡¡¡de Andrés Iniesta!!!! El dios del fútbol ha bajado del cielo para marcar un gol en Stamford Bridge (estadio del Chelsea), no es Andrés Iniesta, es el dios de la justicia del fútbol...».

Así gritaba Carlos Martínez, comentarista de fútbol de uno de los canales de televisión más importantes, en el minuto 89 de la semifinal del torneo de Europa de fútbol del año pasado. Es la narración del gol de Andrés Iniesta que le dio la victoria al FC Barcelona sobre el club inglés Chelsea en el último suspiro. Finalmente el club español ganaría el trofeo final.

Este gol ha marcado una historia, una época, un estilo. Y lo ha hecho por el jugador que anotó el gol: Andrés Iniesta. Hoy en día está considerado como uno de los mejores jugadores del fútbol mundial.

Recuerdo ya hace algunos años leer en un artículo: «Andrés Iniesta nunca llegará a ser uno de esos jugadores famosos que además de ser buenos jugadores marcan modas de ropa, están en las portadas de las revistas del corazón o montan macrofiestas en su mansión... Y no lo va a ser porque es un chico normal, sin aretes, sin peinado extravagante o tatuajes que marcan todo su cuerpo. Todo lo contrario...».

Y es cierto. Andrés Iniesta es un joven normal de 26 años, originario de Fuentealbilla, pueblito de la provincia de Albacete (España), que en su niñez llamó la atención por su habilidad con el balón. Cuando uno lo ve por la televisión, esa es la impresión que te da: un joven, más bien tímido, controlado, siempre positivo en su equipo.

Llama poderosamente la atención que alguien que transmite tanta sencillez sea tan bueno. Es brillante en el control del balón. Esta combinación está en peligro de extinción en el fútbol actual.

En su equipo le llaman “el Cerebro”, porque gran parte del juego del Barcelona pasa por sus pies. Pero siempre con un toque de sobriedad, elegancia y hasta se podría decir humildad. Difícilmente se le podrá quejándose o causando problemas.

En los últimos años siempre ha estado presente en el equipo ideal que los expertos del fútbol mundial proponen entre todos los jugadores del mundo. Él mismo comenta que uno de los goles más importantes de su vida fue cuando metió el tanto decisivo en la seminal contra el Chelsea. Pero lo más importante, como él mismo comenta, no fue que él lo metió, sino que el equipo se clasificó.

Hace dos semana, Iniesta dio una entrevista en la televisión. A una de las preguntas respondió así: «Para mí la familia es la parte más importante de mi vida». El entrevistador a bocajarro le preguntó atrevidamente: «¿Te regañan todavía?». A lo que Andrés respondió: «Siempre hay cosas que mejorar, cosas que corregir, tienen confianza en mí».

No cabe duda que la sencillez con la que uno afronta la vida, también se transmite en la forma de jugar.

¡Chapeux Andrés!
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sábado, 6 de marzo de 2010

¿Quién secuestró a los maestros? 2a Parte (de contadores, psicólogos y pedagogos)

Nuestros queridos y sabios educadores católicos, sacerdotes y religiosas pertenecientes a afamadas congregaciones con una tradición educativa de siglos, se dejaron persuadir...
Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net


II. TRES INFLUENCIAS MORTÍFERAS PARA LA EDUCACIÓN: LOS CONTADORES, LOS PSICÓLOGOS Y LOS PEDAGOGOS

Hace veinte años estos personajes no existían en las escuelas (al menos en mi escuela) y las cosas iban bastante mejor que ahora. Por lo menos, los niños aprendían lo que debían aprender y terminaban la tarea en menos de veinte minutos.

Coincidiendo con la llegada de estas personas (contadores, psicólogos y pedagogos), el aprendizaje empezó a declinar, así que... supongo que algo tendrán que ver en el asunto.

LOS CONTADORES

Analicemos primero a los CONTADORES... ¿cómo ha sido su colaboración para destruir la excelencia educativa que antaño buscaban muchas instituciones, entre las que estaba el colegio de mis niños y muchos otros colegios católicos?

Con el término “contadores” no me refiero a los profesionistas que estudiaron Contaduría en la Universidad y que llevan los estados financieros en las empresas. No, no me refiero a ellos. Me refiero a otro tipo de “contadores”, esos siniestros personajes que se dedican a contar las cosas, cualquier cosa: dinero, alumnos, escuelas, canchas de fútbol, computadoras... lo que sea... y concluyen invariablemente, con sus cuentas, que siempre es mejor el que tiene más (de lo que sea).

La influencia de los contadores fue terrible, pues... haciendo sus números... convencieron a los grandes educadores de que, para demostrarle al mundo que ellos eran “los mejores educadores” tenían que tener más escuelas, con más alumnos, más canchas de fútbol, más computadoras y, por supuesto, más utilidades financieras (números grandes en todo).

Nuestros queridos y sabios educadores católicos, sacerdotes y religiosas pertenecientes a afamadas congregaciones con una tradición educativa de siglos, se dejaron persuadir... ilusionados en un principio con llevar a más y más almas al contacto con la fe católica a través de sus muchos colegios. Después la persuasión creció más... al ver también los grandes números financieros que les acarrearía la multiplicación de sus locales educativos por todo lo largo y ancho del mundo.

¿Qué sucedió? Lo que tenía que suceder: empezaron a abrir colegios como si de franquicias de McDonalds se tratara. El problema, claro, fue que no es lo mismo aprender a hacer hamburguesas que aprender a educar a un niño.

Es humanamente imposible que 200 sacerdotes (por más sabios y santos que sean) puedan supervisar y controlar lo que sucede en 8000 colegios y 50 universidades.

Pero... orgullosos y embelesados con los grandes números (que podemos ver publicados en todos sus folletos) muy pronto dejaron que prevaleciera la cantidad sobre la calidad. Olvidaron su carisma educativo que decía que sus escuelas fueron fundadas para formar niños sabios y santos, verdaderos hombres cristianos, amantes del saber, buscadores de la verdad, capaces de transformar la cultura, pues... al tener que contratar maestros de todo tipo, sin mayor selección, para poder “medio-atender” a los cientos de miles de alumnos, muy pronto limitaron su acción educadora a cumplir con el mínimo requerido por las leyes educativas de cada país y en “sacar horneadas de alumnos” cada año, que supieran más o menos lo indispensable para sobrevivir en la Universidad.

Y digo “más o menos”, porque ni siquiera eso se está consiguiendo. Las Universidades, al estar recibiendo alumnos pésimamente preparados, han tenido que inventarse una materia “cero”, en la que les intentan enseñar a los alumnos las bases matemáticas indispensables que debieron aprender en primero de secundaria.

La escuela católica, gracias a los “contadores”, ya no se preocupa de cumplir con su misión de formar hombres con sed por conocer la Verdad y alcanzar la Sabiduría. Se ha convertido en una fábrica de niños “capacitados” y “competentes” para insertarse en una sociedad pragmática en la cual se busca el éxito fácil y sobre todo el utilitarismo económico.

El ideal de la escuela católica para sus egresados, ya no es el caballero cristiano, honrado, trabajador, estudioso, sabio y santo, sino simplemente un homo faber, industrioso, productivo, eficiente y consumidor.

Pero la labor de los contadores no sólo quedó en contar el número de escuelas y canchas de futbol, sino que también decidieron contar, en cada escuela, el número de “placas de bronce” que tenían colgadas en el muro de entrada al plantel. Me refiero a las múltiples certificaciones nacionales e internacionales que están de moda y que debe tener (según el criterio de los contadores) cualquier escuela de prestigio. Con la inclusión de las escuelas en las certificaciones, se les obligó a asumir un modelo educativo “moderno” que tiene un bajísimo nivel académico. Más adelante hablaré de él.

Señores contadores: con sus conteos y sus folletos publicitarios llenos de grandes números y elegantes certificaciones, han deformado los verdaderos objetivos de la educación. Si mis hijos no saben ahora cómo resolver sus tareas, en muy buena parte se los debo a ustedes.

LOS PSICÓLOGOS

Pasemos a los segundos implicados, terribles y dañinos implicados en el deterioro escolar: LOS PSICÓLOGOS

¿Qué tienen que ver los psicólogos con el deterioro de la enseñanza? Mucho.

En primer lugar, no sé bien porqué los metieron en las escuelas. Hacían mucho menos daño antes, cuando estaban fuera, en sus consultorios, encargados solamente de los exámenes de admisión (que me parecen muy bien) en la época de inscripciones. Y sólo les llegaban, en medio del año, los casos de alumnos problema. Cuando así era, le hacían daño sólo a los alumnos problema, que ya eran de por sí un problema, así que su labor no hacía mayor mella en la institución educativa.

Pero ahora... la moda dicta que hay que tener un psicólogo de planta en la escuela. Y los pobres psicólogos, para justificar su puesto y su sueldo, se sienten comprometidos a encontrar un niño problema en cada uno de los alumnos.

Si ven a un niño tímido... seguramente fue un niño no deseado por su madre en el embarazo.
Si ven a un niño violento... seguramente es porque su padre es alcohólico y abusa de él.
Si ven a un niño flojo... con toda seguridad es que su madre no le presta atención.
Si ven a un niño soñador y pensativo... seguro tiene ADHD... hay que medicarlo.
Si ven a un niño inquieto y activo... quiere llamar la atención de sus compañeros
Si ven a un niño solitario... es porque se siente rechazado.
Si ven a un niño que obtiene puro sobresaliente... seguro es porque lo presionan demasiado en su casa.
Si el niño reprueba varias asignaturas, es porque está pasando por un momento de tensión familiar.
Si no sabe escribir, tiene dislexia. Si hace los números al revés, tiene dislalia; si no saber sumar, discalculia. Si no quiere correr, seguro tiene distrofia.
Si come rápido su almuerzo a la hora del recreo, es porque sufre de ansiedad. Si no se lo come... seguro tiene anorexia.

De esa manera, todos los alumnos (absolutamente todos) necesitan tratamientos y terapias, que le aseguran al psicólogo su puesto, su sueldo y además un futuro lleno de bonanza por las terapias extra escolares que imparte... por periodos interminables... a los niños y, por supuesto, a los familiares de los niños.

Ahí está el problema con los psicólogos: ven como enfermedades los defectos, errores y pecados y con eso quitan toda la responsabilidad al alumno. Los maestros ya no pueden regañarlos, llamarles la atención o castigarlos, pues eso sería tan ridículo como castigar a alguien porque le dio varicela.

El resultado de la invasión de psicólogos en las escuelas... niños ingobernables, violencia en las aulas, faltas de respeto a la autoridad... pues está prohibido prohibir, está prohibido regañar... está prohibido castigar... ya que todos los niños están psicológicamente enfermos.

Pero no son culpables los psicólogos, como individuos, sino la Psicología en sí misma. La única culpa de los psicólogos es haber estudiado una carrera dedicada a una pseudociencia que está mal fundamentada desde sus mismos orígenes.

Escojan la teoría psicológica que más les guste: Freud, Jung, Adler, Fromm o el mismo Frankl... el que quieran. No hay una sola corriente psicológica que contemple al hombre como lo que es: un ser creado por Dios, dotado de cuerpo y alma, con una naturaleza herida por el pecado, que habiendo sido redimido por Cristo, está llamado a alcanzar la vida eterna con la ayuda de la gracia.

Todas las corrientes psicológicas contemplan sólo al hombre terrestre (en sentido horizontal) y pretenden sólo guiarlo a una felicidad terrena, olvidando la eternidad. Con eso yerran absolutamente el camino, pues eliminan de sus terapias el valor del sufrimiento, del esfuerzo, de la entrega, del olvido de sí mismo y encaminan a sus pacientes por un camino de egoísmo... en el cual los obligan a mirarse sólo a sí mismos y a su bienestar personal . Un camino que va exactamente en sentido contrario al que nos ha enseñado Jesucristo para alcanzar la felicidad eterna: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”

El psicólogo trata de quitarle todas las cruces al niño y lo hace pensar primero en sí mismo y sólo en sí mismo. Olvidándose de Dios, pretenden tomar su lugar. Es imposible que puedan orientar al alma humana yendo en contra de las recomendaciones de su Creador.

Pero bueno... el asunto es que los psicólogos llegaron a las escuelas y parece ser que llegaron para quedarse, así que no nos queda otro remedio a las mamás, más que enseñar a nuestros hijos la responsabilidad de sus actos, de sus logros y yerros, y conseguir que nos crean, aunque en la escuela les digan constantemente que no son ellos los responsables, sino “el ambiente tan difícil que les ha tocado vivir”.

LOS PEDAGOGOS

Pasemos al tercer grupo enemigo de la educación católica, el más nocivo de todos: Los PEDAGOGOS.

¿Por qué son tan malos?

En primer lugar, porque para que tenga razón de existir un pedagogo, forzosamente debe existir un mal maestro. Para justificar su existencia, no les ha quedado otro remedio más que pregonar a los cuatro vientos que todos los maestros son malos, que ningún maestro sabe enseñar, que los maestros son seres obtusos, impositivos y pasados de moda.

Su extensa labor de desacreditación del magisterio y de todas las técnicas tradicionales de enseñanza ha surtido efecto (un efecto abrumador) y han terminado desterrando de las aulas a los mejores maestros, ésos que sí enseñaban a los alumnos y han ocupado sus puestos, conociendo mucho del “desarrollo evolutivo del niño” y sin saber nada, absolutamente nada, de las materias que deben enseñar.

Con los maestros “obtusos, tradicionales, impositivos y pasados de moda”, mis hijos (los seis mayores) aprendieron a contar a los tres años; a leer y escribir a los cuatro; a sumar y restar a los cinco; y a deletrear palabras complejas en inglés, a los seis. Además, claro, de saber, desde los tres años, los días de la semana, los meses del año, las estaciones, las partes del cuerpo, la lectura de las manecillas del reloj y las principales figuras geométricas.

El paso a la Primaria era sencillísimo, pues los niños llevaban ya tres largos años de haber dominado la lectura y estaban plenamente capacitados para poder leer, comprender y asimilar pequeñas historias que narraban la forma de vida del hombre prehistórico, la vida de los animales y las plantas, las divisiones del reino animal y vegetal, las partes del cuerpo humano, las señales de tránsito, las reglas de urbanidad y... muchas cosas más, que aparecían en esos “arcaicos” planes de estudio.

Llevando ya dos años de haber aprendido a sumar y restar, los niños en primero de primaria, antes de cumplir los siete años, eran capaces de hacer largos y rápidos cálculos mentales, de diez o quince operaciones en serie y se encontraban capacitados para aprender los fundamentos de la multiplicación.

Con la llegada de los pedagogos y sus “modernas” técnicas de enseñanza, basadas en el “desarrollo evolutivo del niño”... mi hijo de diez años (cuarto de primaria) apenas está empezando a dominar las tablas de multiplicar, lee trastabillando, sin puntuación ni entonación alguna; escribe con una letra terrible, sin respetar márgenes ni renglones y sin poner mayúsculas, acentos ni puntos. Por supuesto, tiene una noción bastante borrosa de cómo vivía el hombre primitivo y no tiene ni la mas remota idea de las divisiones del reino animal y vegetal (al parecer, los pedagogos eliminaron esos temas “difíciles” en los nuevos programas educativos). Lo más triste del asunto es que mi niño tiene muy buenas calificaciones... ¿cómo es esto posible? ¿en qué piensa la maestra cuando imprime en el cuaderno de mi hijo un sello de tinta que dice “¡ERES UN CAMPEÓN!” sobre una plana plagada de tachones y faltas de ortografía?

Es totalmente frustrante esa falta de exigencia en la forma de calificar, pues nos quitan todas las armas a los padres que queremos que nuestro hijo haga las cosas bien hechas.

Me ha sucedido cientos de veces que les he dicho:

- Vuelve a hacerlo. Si entregas eso tan mal hecho te van a poner un Cero grande y redondo!
- No... ma ... ¿cómo crees? ¡La maestra no se fija en eso!

Y... tristemente siempre han tenido razón. Al día siguiente llegan con su sello de “¡MUY BIEN HECHO!” sobre la tarea a la que yo le hubiera puesto cero y hubiera obligado a repetir.

Más adelante hablaré de los nefastos “sistemas modernos de evaluación”. Ahora no me detendré en ellos.

LA PEDAGOGÍA NO TIENE LA CULPA

Aquí, la culpable del deterioro en la enseñanza no es la Pedagogía en sí (por lo que realmente es), sino los que se han autonombrado “pedagogos” por haber estudiado, durante cuatro años, las teorías de algunos que se adueñaron de la palabra “pedagogía”.

La Pedagogía, como tal, no es nada moderno.
Existe... exactamente desde que el mundo es mundo. Dios mismo, el Creador de todo el Universo, es un magnífico pedagogo y lo podemos ver en las etapas que fue siguiendo en la Revelación. Jesucristo fue un magnífico pedagogo, por eso nos enseñaba en parábolas. San Pablo, otro pedagogo extraordinario... sabía que existen almas que pueden asimilar filetes y otras a las que hay que darles papillas. San Benito y su Regla, absolutamente pedagógica; San Juan Ma. Vianney... todas sus homilías son 100% pedagógicas; San Juan Bosco, San Alberto Hurtado, San Marcelino Champagnat, San Juan Bautista de La Salle... todos ellos sabían de Pedagogía, aplicaban la Pedagogía, sin haber leído jamás (gracias a Dios) ni a Piaget, ni a Dewey, ni a Sneill, ni a Marcuse, ni a ningún otro de la misma tribu.

En 1997 tuve que estudiar, siendo actuario matemático de profesión, un curso de posgrado en Pedagogía. Recuerdo que en cada clase me asombraba de la cantidad de terminajos extraños que usaban los pedagogos para nombrar las cosas más sencillas: “constructo”, “taxonomía”, “proceso metacognitivo” y otras cosas por el estilo... un lenguaje claramente complicado y antipedagógico.

Mientras tomaba mis clases, tratando de asimilar y recordar esos terminajos tan extraños, llegué a la conclusión de que ese lenguaje tan rebuscado lo utilizaban los pedagogos sólo para justificar un poco la existencia de su carrera, pues... después de largas explicaciones de los constructos, taxonomías, contenidos actitudinales y currículums estandarizados... llegaban a conclusiones demasiado obvias, a las que puede llegar cualquiera que no haya estudiado absolutamente nada: tales como que hay que planear, poner un objetivo concreto a la clase, dar el contenido, hacer ejercicios y luego evaluar.
Vamos... ¡que eso se ha hecho siempre en las escuelas! Y no necesitaba ningún maestro haber leído a Bloom ni a Gagné.

En aquél entonces (hace 13 años), yo tenía hijos de 6 meses, de 2 años, de cuatro, de siete, de once... y varios más.

Aún recuerdo el asombro que sentí al leer “el desarrollo evolutivo del niño” según Piaget.
Enterándome que el Sr. Piaget sacó sus conclusiones habiendo observado a sus propios hijos, no me quedó la menor duda de que los hijos de Piaget tenían un serio retraso mental. Los niños normales son capaces de hacer las cosas y entender los conceptos muchísimo antes (3 o 4 años antes) de lo que dicen las teorías de Piaget.

Lo comenté con mis maestros... explicándoles que yo veía diariamente con mis niños una evolución de la inteligencia y de las capacidades cognitivas mucho más avanzada en cada edad de lo que afirmaba Piaget. Como estábamos en el curso muchos Directores de escuela, les supliqué que no basaran los programas de estudio de los colegios en las conclusiones piagetianas pues iban a desperdiciar las capacidades del niño, pero... no conseguí convencerlos.

Una compañera del curso comentó en voz alta:

- Tus hijos, Lucrecia, tampoco pueden servir como parámetro, pues son demasiado listos.

Mmmmhh... eso es falso. Mis hijos son listos, muy listos, pero no “demasiado” listos. ¿existe, acaso, algún niño que sea “demasiado” listo? Sin embargo, ese comentario bastó para que cualquier aportación posterior de mi parte en el curso, perdiera toda autoridad y credibilidad.

En fin... las conclusiones pedagógicas de Piaget (que no era pedagogo, sino psicólogo) se aplicaron en los “modernos programas educativos” y claro... ahora tenemos niños que salen de la Primaria mal sabiendo leer y apenas sabiendo escribir y contar...

Se les trata como idiotas desde pequeños (gracias a Piaget y a otros que están detrás de él), no se les enseña nada que signifique un reto para ellos, se aburren y... como consecuencia directa, pierden el interés por aprender. Una hermosa obra la de los pedagogos... para destruir la educación en las escuelas.


DE PEDAGOGOS, PEDAGOGOS Y PEDAGOGOS

El problema no se queda en las teorías mal llamadas “pedagógicas” que se han aplicado a los programas escolares. El problema de fondo también está en quiénes son los cerebros que están aplicando estas teorías en las escuelas.

Para visualizar la magnitud del problema, debemos distinguir tres clases de pedagogos:

La primera son los pedagogos de verdad, los maestros ejemplares que ya hemos nombrado antes: San Juan Bosco, San Alberto Hurtado, San Marcelino Champagnat, San Juan B. de La Salle y muchos más, expertos en pedagogía desde hace varios siglos.

La segunda clase la componen los “pedagogos” que son los creadores intelectuales de todo este mamotreto con fondo marxista de lenguaje rebuscado y que pretenden adueñarse de las mentes de los niños para sus fines políticos y económicos.

El tercer grupo son los jóvenes que, inocentemente, han estudiado pedagogía en la Universidad, sin tener idea de qué es lo que realmente están estudiando. Ellos también significan un severísimo problema.

¿Quién es el que entra a la Universidad a estudiar la carrera de Pedagogía?
¿El alumno más brillante de la clase? ¿El alumno que ama las Matemáticas, la Física, la Química y todo el conocimiento científico? ¿El alumno que ama la lectura, el estudio, la cultura, el lenguaje, la música, las artes y la historia?

No, tristemente no. Los alumnos más destacados intelectualmente, los amantes del estudio y del esfuerzo, eligen por lo general otras carreras: Matemáticas, Ingeniería, Química, Biología, Economía, Filosofía o Medicina (y algunas más, de corte científico o humanista que hoy se llaman con nombres diversos)

Tampoco son los más creativos los que estudian Pedagogía, pues ésos optan por Comunicación, Diseño o Arquitectura.

El alumno “tipo” que opta por la carrera de Pedagogía (no niego que pueden existir honrosas excepciones) es el alumno “buena gente” que desde pequeño decidió que no le gustaban las matemáticas, que nunca las entendió ni les encontró aplicación alguna; es el alumno que jamás le halló mucho sentido a la gramática ni a la ortografía, para quien el estudio de la Historia le parecía algo aburrido; es el alumno que nunca adquirió gran gusto por la lectura, al que no le gustaba demasiado estudiar y mucho menos memorizar. Es el alumno que siempre justificó sus malas notas diciendo “Es que el maestro no sabe enseñar”.

En los años de 1984-1985 me pidieron que impartiera la cátedra de Estadística a los alumnos de 5º semestre de Pedagogía en una Universidad, carrera que en ese entonces, se llamaba “Ciencias de la Educación”. Mis alumnos eran tres chicos religiosos consagrados (no sacerdotes) y 19 chicas. Los chicos eran bastante dóciles, no es que mostraran demasiado interés por la materia, pero al menos tomaban apuntes y cumplían con sus deberes. Estaban ahí por obediencia a sus superiores, que los querían preparar para dirigir alguna escuela en el futuro. Las chicas... no dejaban de quejarse continuamente, haciendo imposible la enseñanza:

- ¿Para que nos va a servir esto?
- ¡No entiendo la fórmula! ¡Está muy difícil!
- ¿Por qué nos exiges tanto si no nos gustan las matemáticas?
- ¡No nos dejes tarea, tenemos una fiesta!
- ¿Me lo explicas otra vez... con manzanitas?
- ¿Podemos sacar el formulario?

Los contenidos “tan difíciles” que yo intentaba enseñarles, eran solamente el cálculo de la media, la moda y la varianza, pero... como estaban profundamente convencidas de que “odiaban las matemáticas” y “odiaban el estudio y la memorización”, al igual que “odiaban las tareas” fue un curso poco fructífero. Tres de ellas reprobaron el examen final y luego convencieron a la directora de la carrera que las aprobara (sin mi consentimiento) “porque no era una materia tan importante para sus intereses pedagógicos”.
Salí despavorida de esa escuela

Ahora... estos alumnos mediocres que seleccionaron la carrera de Pedagogía justamente porque odiaban las matemáticas, la lectura, el estudio y la memorización, tienen en sus manos el mundo de la educación. Un panorama que da terror, por supuesto.

¿EN QUÉ CONSISTE EL NUEVO SISTEMA EDUCATIVO?

El “nuevo” sistema educativo (que no es tan nuevo... pues fue ideado a finales del siglo XIX y principios del XX) ha tomado ideas de varias corrientes, principalmente del Constructivismo, que enseña que el niño debe conocer la verdad por sí mismo y que el maestro no debe imponer sus ideas sino que sólo debe ser un mediador entre el saber y el niño.

Utilizan en su mercadotecnia algunos slogans, sobre los que luego volveré y que ahora enlisto someramente:
- Un sistema basado en el desarrollo de competencias
- El maestro es sólo un guía y no un dictador
- No hay exámenes ni calificaciones
- Las evaluaciones son colegiadas
- El niño descubre el saber por sí mismo
- Aprende a aprender en ambientes acogedores y estimulantes
- Un currículum estandarizado y certificado a nivel internacional
- El aprendizaje no se confunde con la memorización

No me entretendré demasiado en esto, pues cualquiera puede conocer en qué consiste el nuevo sistema dando un click en las páginas publicitarias de los colegios (de casi cualquier colegio en el mundo), en donde diga “Sistema basado en el desarrollo de competencias”

Por ahora, sólo haré hincapié en los principales slogans que han usado los modernos pedagogos para infiltrar su ideología (que, como veremos más adelante, procede del marxismo y la masonería) en las escuelas católicas y en el mundo de la educación en general.


(Continuará con el siguiente capítulo:
III. LOS FALACES SLOGANS DEL NUEVO SISTEMA EDUCATIVO)
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martes, 2 de marzo de 2010

DAR

Una cosa yo he aprendido,
en mi vida al caminar,
no puedo ganarle a Dios,
cuando se trata de dar.

Por más que yo quiero darle,
siempre me gana Él a mi,
porque me regresa más
de lo que yo le pedí.

Se puede dar sin amor,
no se puede amar sin dar,
si yo doy, no es porque tengo;
más bien tengo porque doy.

Y cuando Dios me pide,
es que me quiere dar;
y cuando Dios me da,
es que me quiere pedir.

Si tú quieres haz el intento
y comienza a darle hoy,
y verás que en poco tiempo
podrás decir como yo.

Una cosa yo he aprendido,
en mi vida al caminar,
no puedo ganarle a Dios,
cuando se trata de dar.


Autor:
Anónimo
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viernes, 26 de febrero de 2010

¿Quién secuestró a los maestros? 1a Parte

¿Quién secuestró a los maestros? (de cuando los niños aprendían en la escuela)

El nivel académico está bajando año con año... los niños aprenden cada vez menos cosas en la escuela y las pocas cosas que aprenden, las aprenden mucho peor.
Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net


I. LA ALARMA DE COCINA YA NO FUNCIONA

- ¡Tienen veinte minutos para hacer la tarea! - solía decir yo a mis hijos, cada tarde al terminar de comer, mientras daba cuerda al reloj de cocina y lo ponía sobre la mesa, haciendo sonar su familiar “TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC”, que terminaba con una sonora alarma a los veinte minutos exactos.

El “RIIIIIIIIING” de la alarma señalaba el momento para cerrar los libros obligatoriamente y guardarlos en las mochilas, teniendo toda la tarde libre para convivir, jugar, entretenernos y divertirnos en familia.

La táctica de la alarma de cocina me funcionó perfectamente durante toda la educación preescolar, primaria y secundaria de mis tres hijos mayores (ahora de 25, 23 y 21 años). De hecho, en ese entonces, mis hijos terminaban la tarea mucho antes de que la alarma sonara. También me funcionó durante la educación preescolar y gran parte de la primaria de mis tres hijos intermedios (ahora de 18, 15 y 13 ). Pero dejó de funcionar (no la alarma, sino la táctica) de manera misteriosa, inmediata, inesperada y sorprendente, cuando mis tres hijos pequeños (de 10, 9 y 6) llegaron a la edad de hacer tareas.

Desde entonces... el tiempo para hacer las tareas cada tarde se vuelve interminable, tedioso y agotador para ellos y para mí . Los niños completan los deberes ya muy entrado el anochecer, quedándoles únicamente el tiempo suficiente para ducharse, cenar, rezar e irse a dormir. Ya no existe en nuestras tardes tiempo para los juegos, la convivencia, ni el entretenimiento en familia.

¿Qué sucedió?
¿Los cambié de colegio? No, el colegio ha sido el mismo para el primero y para el último de mis hijos.
¿Son más, las tareas que ahora les dejan? No, todo lo contrario, ahora les dejan mucho menos tareas que las que les dejaban antes.
¿Son más difíciles las tareas que ahora les dejan? ¡Para nada! El nivel de enseñanza ha decrecido de manera visible. Las tareas que ahora le dejan al de cuarto de primaria (que es el séptimo de mis hijos) son equivalentes (en contenido y grado de dificultad) a las que les dejaban a los niños en Preprimaria hace unos cuantos años.
¿Será, entonces, que mis hijos pequeños son menos listos que sus hermanos mayores? ¡Tampoco! Gracias a Dios todos mis hijos gozan de una muy buena inteligencia que los hace capaces de entender y aplicar los conceptos fácilmente.

Entonces... ??? ¿Qué sucedió? ¿Por qué antes me funcionaba la alarma de cocina y ahora ya no me funciona?

La respuesta es bien sencilla: Hasta hace unos cuantos años los niños aprendían en la escuela y los deberes para la tarde eran sólo practicar y repasar lo que ya habían aprendido en clase.
Ahora... los niños no aprenden en la escuela y por lo tanto no saben cómo resolver sus tareas. Las mamás nos vemos obligadas a explicar y enseñar, por las tardes, todo aquello que debieron explicarles y enseñarles las maestras por la mañana.

A mí me gusta enseñar. Gozo verdaderamente enseñando e ideando nuevas modalidades y técnicas para que los niños comprendan los conceptos y los apliquen. No se me dificulta enseñar y es para mí hermoso (verdaderamente hermoso y gratificante) contemplar la transformación de un cerebro infantil y la alegría profunda que produce en el niño aprender algo nuevo.

Pero no puedo negar, para satisfacción de todos los que se escandalizan de nosotros por haber optado por una familia numerosa, que para mí ha resultado extraordinariamente complicado estar enseñando (al mismo tiempo) al pequeño, a leer y sumar; al otro, a restar y escribir; al siguiente, las tablas de multiplicar y los estados de la república; al más grandecito, la suma de fracciones y las partes del aparato digestivo y a la otra, los principios de álgebra. Todo a la vez, sobre la misma mesa y durante el horario reducido de las tardes.

Si yo hubiera escogido ser homeschooler... mis hijos y yo estaríamos todas las mañanas en casa, con el tiempo, los ánimos, los espacios y los materiales necesarios y suficientes para tener una escuela en casa.

Pero no opté por eso. Mi esposo y yo seleccionamos el tipo de educación que queríamos para nuestros hijos y decidimos inscribirlos en uno de los mejores colegios católicos del país, para que ahí, además de la formación religiosa que consideramos lo más importante, tuvieran maestros competentes y cualificados, que les transmitieran los conocimientos adecuados a cada edad, dentro de un programa escolarizado y exigente.

El hecho es que ahora mis hijos van al colegio por las mañanas y, como no aprenden lo que deben aprender (porque nadie se los enseña), en las tardes nos hemos visto obligados a ser homeschoolers. Es agotador... de verdad... para los niños y para mí. Y los resultados son muy pobres, pues no se puede enseñar en dos horas lo que se debió enseñar en seis.

Lo más triste del asunto es que... después de mucho buscar e investigar por una posible mejor opción para mis hijos, he podido comprobar, con una profunda sensación de impotencia, que el deterioro sostenido, progresivo e imparable en los resultados de la enseñanza dentro de las escuelas, se está dando no sólo en la escuela de mis hijos, sino en todas las escuelas... católicas, laicas, privadas y gubernamentales, y no sólo en México, sino a nivel internacional. El nivel académico está bajando año con año... los niños aprenden cada vez menos cosas en la escuela y las pocas cosas que aprenden, las aprenden mucho peor.

(Continuará con el siguientes capítulo:
II. TRES INFLUENCIAS MORTÍFERAS PARA LA EDUCACIÓN: LOS CONTADORES, LOS PSICÓLOGOS Y LOS PEDAGOGOS)
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lunes, 22 de febrero de 2010

Reflexionar sobre nuestra propia vida

Martes primera semana Cuaresma.
Que el Señor llegue a nuestro corazón y encuentre en él una tierra capaz de apoyarse en Dios.
Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

El tiempo de cuaresma, de una forma especial, nos urge a reflexionar sobre nuestra vida. Nos exige que cada uno de nosotros llegue al centro de sí mismo y se ponga a ver cuál es le recorrido de la propia vida. Porque cuando vemos la vida de otras gentes que caminan a nuestro lado, gente como nosotros, con defectos, debilidades, necesitadas, y en las que la gracia del Señor va dando plenitud a su existencia, la va fecundando, va haciendo de cada minuto de su vida un momento de fecundidad espiritual, deberíamos cuestionarnos muy seriamente sobre el modo en que debe realizarse en nosotros la acción de Dios. Es Dios quien realiza en nosotros el camino de transformación y de crecimiento; es Dios quien hace eficaz en nosotros la gracia.

La acción de Dios se realiza según la imagen del profeta Isaías: así como la lluvia y a la nieve bajan al cielo, empapan la tierra y después da haber hacho fecunda la tierra para poder sembrar suben otra vez al cielo.

La acción de Dios en al Cuaresma, de una forma muy particular, baja sobre todos los hombres para darnos a todos y a cada uno una muy especial ayuda de cara a la fecundidad personal.

La semilla que se siembra y el pan que se come, realmente es nuestro trabajo, lo que nosotros nos toca poner, pero necesita de la gracia de Dios. Esto es una verdad que no tenemos que olvidar: es Dios quien hace eficaz la semilla, de nada serviría la semilla o la tierra si no fuesen fecundadas, empapadas por la gracia de Dios.

Nosotros tenemos que llegar a entender esto y a no mirar tanto las semillas que nosotros tenemos, cuanto la gracia, la lluvia que las fecunda. No tenemos que mirar las semillas que tenemos en las manos, sino la fecundidad que viene de Dios Nuestro Señor. Es una ley fundamental de la Cuaresma el aprender a recibir en nuestro corazón la gracia de Dios, el esfuerzo que Dios está haciendo con cada uno de nosotros.

Jesucristo, en el Evangelio también nos da otro dinamismo muy importante de la Cuaresma, que es la respuesta de cada uno de nosotros a la gracia de Dios. No basta la acción de la gracia, porque la acción de la gracia no sustituye nuestra libertad, no sustituye el esfuerzo que tiene que brotar de uno mismo. Cristo nos pone guardia sobre la autosuficiencia, pero también sobre la pasividad. Nos dice que tenemos que aprender a vivir la recepción de la gracia en nosotros, sin autosuficiencia y pasividad.

Contra la autosuficiencia nos dice el Señor en el Evangelio: “No oréis como oran los paganos que piensan que con mucho hablar van a ser escuchados”. Jesús nos dice: “tienen que permitir que su corazón se abra, que tu corazón sea el que habla a Dios Nuestro Señor. Porque Él, antes de que pidas algo, ya sabe que es lo que necesitas”. Pero al mismo tiempo hay que cuidar la pasividad. A nosotros nos toca actuar, hacer las cosas, nos toca llevar las situaciones tal y como Dios nos lo va pidiendo. Esto es, quizá, un esfuerzo muy difícil, muy serio, pero nosotros tenemos que actuar a imitación de Dios Nuestro Señor. De Nuestro Padre que está en el Cielo. Este camino supone para todos nosotros la capacidad de ir trabajando apoyados en la oración.

Escuchábamos el Salmo que nos habla de dos tipos de personas: “ Los ojos del Señor cuidan al justo y a su clamor están atentos a sus oídos; contra el malvado, en cambio esta el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo”. Si nosotros aprendiéramos a ver así todo el trabajo espiritual, del cual la Cuaresma es un momento muy privilegiado. Si aprendiéramos a ver todo esto como un trabajo que Dios va realizando en el alma y que al mismo tiempo va produciendo en nuestro interior un dinamismo de transformación, de confianza, de escucha de Dios, de camino de vida; un dinamismo de acercamiento a los demás, de perdón, de apertura del corazón. Si esto lo tuviésemos claro, también nosotros estaríamos realizando lo que dice el Salmo: “el Señor libra al justo de sus angustias”.

¿Cuántas veces la angustia que hay en el alma, proviene, por encima de todo, de que nosotros queremos ser quien realiza las cosas, las situaciones y nos olvidamos de que no somos nosotros, sino Dios? ¿Pero cuántas veces también, la angustia viene al alma porque queremos dejarle todo a Dios, cuando a nosotros nos toca poner mucho de nuestra parte? Incluso, cuando a nosotros nos toca poner algo que nos arriesga, que nos compromete; algo que nos hace decir: ¿será así o no será así?, y sin embargo yo sé que tengo que hacerlo. Es la semilla que hay que sembrar.

Cuando el sembrador, tiene una semilla y la pone en el campo, no sabe qué va a pasar con ella. Se fía de la lluvia y de la nieve que le va a hacer fecundar. ¿Cuántas veces a nosotros nos podría pasar que tenemos la semilla pero preferimos no enterrarla, preferimos no fiarnos de la lluvia, porque si falla, qué hacemos?

Sin embargo Dios vuelve a repetir: “ El Señor libra al justo de todas sus angustias” ¿Cuáles son las angustias? ¿De autosuficiencia? ¿De pasividad? ¿De miedo? Aprendamos en esta Cuaresma permitir que el Señor llegue a nuestro corazón y encuentre en él una tierra que es capaz de apoyarse plenamente en Dios, pero al mismo tiempo, capaz de arriesgarse por Dios Nuestro Señor.
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martes, 16 de febrero de 2010

El comienzo de la Cuaresma

Cuaresma. Miércoles de ceniza. Si busco a Dios, es el momento para caminar, para buscarlo, para encontrarlo y purificar mi corazón.
Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net


Miércoles de Ceniza



Hoy empezamos la Cuaresma a través de la imposición de las cenizas, un símbolo que es muy conocido para todos. La ceniza no es un símbolo de muerte que indica que ya no hay vida ni posibilidad de que la haya. Nosotros la vamos a imponer sobre nuestras cabezas pero no con un sentido negativo u oscuro de la vida, pues el cristiano debe ver su vida positivamente. La ceniza se convierte para nosotros al mismo tiempo en un motivo de esperanza y superación. La Cuaresma es un camino, y las cenizas sobre nuestras cabezas son el inicio de ese camino. El momento en el cual cada uno de nosotros empieza a entrar en su corazón y comienza a caminar hacia la Pascua, el encuentro pleno con Cristo.

Jesucristo nos habla en el Evangelio de algunas actitudes que podemos tener ante la vida y ante las cosas que hacemos. Cristo nos habla de cómo, cuando oramos, hacemos limosna, hacemos el bien o ayudamos a los demás, podríamos estar buscándonos a nosotros mismos, cuando lo que tendríamos que hacer es no buscarnos a nosotros mismos ni buscar lo que los hombres digan, sino entrar en nuestro interior: “Y allá tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.”

Es Dios en nuestro corazón quien nos va a recompensar; no son los hombres, ni sus juicios, ni sus opiniones, ni lo que puedan o dejen de pensar respecto a nosotros; es Nuestro Padre que ve en lo secreto quien nos va a recompensar. Que difícil es esto para nosotros que vivimos en una sociedad en la cual la apariencia es lo que cuenta y la fama es lo que vale.
Cristo, cuando nosotros nos imponemos la ceniza en la cabeza nos dice: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres; de lo contrario no tendrán recompensa con su Padre Celestial”. ¿Qué recompensa busco yo en la vida?

La Cuaresma es una pregunta que entra en nuestro corazón para cuestionarnos precisamente esto: ¿Estoy buscando a Dios, buscando la gloria humana, estoy buscando la comprensión de los demás? ¿A quién estoy buscando?

La señal de penitencia que es la ceniza en la cabeza, se convierte para nosotros en una pregunta: ¿A quién estamos buscando? Una pregunta que tenemos que atrevernos a hacer en este camino que son los días de preparación para la Pascua; la ceniza cae sobre nuestras cabezas, pero ¿cae sobre nuestro corazón?

Esta pregunta se convierte en un impulso, en un dinamismo, en un empuje para que nuestra vida se atreva a encontrarse a sí misma y empiece a dar valor a lo que vale, dar peso a lo que tiene.

Este es el tiempo, el momento de la salvación, nos decía San Pablo. Hoy empieza un período que termina en la Pascua: La Cuaresma, el día de salvación, el día en el cual nosotros vamos a buscar dentro de nuestro corazón y a preguntarnos ¿a quién estamos buscando? Y la ceniza nos dice: quita todo y quédate con lo que vale, con lo fundamental; quédate con lo único que llena la vida de sentido. Tu Padre que ve en lo secreto, sólo Él te va a recompensar.

La Cuaresma es un camino que todo hombre y toda mujer tenemos que recorrer, no lo podemos eludir y de una forma u otra lo tenemos que caminar. Tenemos que aprender a entrar en nuestro corazón, purificarlo y cuestionarnos sobre a quién estamos buscando.

Este es le sentido de la ceniza en la cabeza; no es un rito mágico, una costumbre o una tradición. ¿De qué nos serviría manchar nuestra frente de negro si nuestro corazón no se preguntara si realmente a quien estamos buscando es a Dios? Si busco a Dios, esta Cuaresma es el momento para caminar, para buscarlo, para encontrarlo y purificar nuestro corazón.

El camino de Cuaresma va a ser purificar el corazón, quitar de él todo lo que nos aparta de Dios, todo aquello que nos hace más incomprensivos con los demás, quitar todos nuestros miedos y todas las raíces que nos impiden apegarnos a Dios y que nos hacen apegarnos a nosotros mismos. ¿Estamos dispuestos a purificar y cuestionar nuestro corazón? ¿Estamos dispuestos a encontrarnos con Nuestro Padre en nuestro interior?

Este es el significado del rito que vamos hacer dentro de unos momentos: purificar el corazón, dar valor a lo que vale y entrar dentro de nosotros mismos. Si así lo hacemos, entonces la Cuaresma que empezaremos hoy de una forma solemne, tan solemne como es el hecho de que hoy guardamos ayuno y abstinencia (para que el hambre física nos recuerde la importancia del hambre de Dios), se convertirá verdaderamente en un camino hacia Dios.

Este ha de ser el dinamismo que nos haga caminar durante la Cuaresma: hacer de las mortificaciones propias de la Cuaresma como son lo ayunos, las vigilias y demás sacrificios que podamos hacer, un recuerdo de lo que tiene que tener la persona humana, no es simplemente un hambre física sino el hambre de Dios en nuestros corazones, la sed de la vida de Dios que tiene que haber en nuestra alma, la búsqueda de Dios que tiene haber en cada instante de nuestra alma.

Que éste sea el fin de nuestro camino: tener hambre de Dios, buscarlo en lo profundo de nosotros mismos con gran sencillez. Y que al mismo tiempo, esa búsqueda y esa interiorización, se conviertan en una purificación de nuestra vida, de nuestro criterio y de nuestros comportamientos así como en un sano cuestionamiento de nuestra existencia. Permitamos que la Cuaresma entre en nuestra vida, que la ceniza llegue a nuestro corazón y que la penitencia transforme nuestras almas en almas auténticamente dispuestas a encontrarse con el Señor.
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