jueves, 10 de septiembre de 2009

Haced el bien y prestad sin esperar nada

Que pasa banda, pues hoy les todo seguido, es decir ayer y hoy jejeje... pero hoy es rapidamente pronto, es algo que me llego y me parecio bueno compartirlo, por que como que nos ayudaria a dar un mejor testimonio de vida, complementando la reflexion de ayer, entonces les comparto este texto de la Beata Teresa de Calcuta, por cierto lleno de amor y servicio... que sigan teniendo un buen dia... cuidense y traten de ser felices...


su amigo


JF Tavares





Beata Teresa de Calcuta (1910-1997),

fundadora de las Hermanas misioneras de la Caridad No hay amor más grande


«Haced el bien y prestad sin esperar nada»


Es posible que en tu apartamento o en la casa de al lado de la tuya, viva un ciego que se alegraría que le hicieras una visita para leerle el periódico. Puede ser que haya una familia que esté necesitada de alguna cosa sin importancia a tus ojos, alguna cosa tan simple como el hecho de guardarle su hijo durante media hora. Hay muchísimas cosas que son tan pequeñas que mucha gente no se da cuenta de ellas.



No creas que hace falta ser simple de espíritu para ocuparse de la cocina. No pienses nunca que sentarse, levantarse, ir y venir, que todo lo que haces no es importante a los ojos de Dios.



Dios no va a pedirte cuántos libros has leído, ni cuántos milagros has hecho. Te preguntará si lo has hecho lo mejor que has podido, por amor a él. ¿Puedes, sinceramente, decir: «He hecho todo lo que he podido»? Aunque lo más y mejor acabe siendo un fracaso, debe ser nuestro más y mejor. Si realmente estás enamorado de Cristo, por modesto que sea tu trabajo, lo harás lo mejor que puedas, con todo el corazón. Es tu trabajo quien dará testimonio de tu amor. Puedes agotarte en el trabajo, e incluso puedes matarte, pero en tanto que no está impregnado de amor, es inútil.



pd. alguna vez oi, "aquel que trabaja en lo que no ama, es todo el dia un desocupado"...


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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Los ángeles de Gloria

Que pasa banda, como han estado?? pues hoy les escribo por la noche desde su casa que es la casa de mis padres jejeje... pues hoy les envio una historia muy linda y triste(se podria decir asi, para nuestra forma de pensar), en lo personal me hizo reflexionar sobre como hay que tomar la cruz, mi propia cruz, que como todo en la vida, puedes estar muy feliz y contento, pero solo en cuestion de minutos o segundos la vida puede cambiar para siempre, o puedes estar al contrario muy triste, deprimido y de pronto tu vida puede cambiar y ser pleno... pero como todo en la vida siempre habra cambios y uno decide para que son, si para mejorar, que seria lo ideal que decidieramos eso, o para tirar la toalla y ya no luchar o disfrutar mas de esta vida. En esta historia Gloria, protagonista, me deja una enseñanza muy chida, ella llevaba una relacion con Dios, era una niña sana, con toda la vida por delante, pero cosas de la vida, pasa un accidente y su vida cambia, le llega una enfermedad muy comun, Cancer, pero ella sigue su relacion con Dios, sigue disfrutando de la vida, con alegria apesar de todo, al final Dios la manda llamar....

eso es banda... al final Dios no mandara llamar a todos y eso me hace pensar, como anda mi relacion con El, cuando me llamara??, el dia que lo haga estare listo??, por que esta Gloria tenia 11 años, ella se lo esperaba???, creo que no, pero creo que no tuvo temor, por su testimonio de vida que llevaba, y veo que gracias a su testimonio su partida de este mundo no ha sido en vano, gracias a su vida, a como vivio la vida, muchas personas se han convertido, se ha creado una fundacion para ayudar a los enfermos graves, si no lo creen investiguen en google y veran que asi es, y veo que ella a sus 11 años cambio el mundo, es decir dejo algo bueno en este mundo, y todo gracias a su testimonio de vida, a su relacion con Dios, todo para Gloria de Dios.

pensemos banda pues, cual ha sido nuestro testimonio de vida, servira para dejar algo bueno en este mundo???... cuidense mucho banda....

su amigo

JF Tavares


Los ángeles de Gloria

Fuente: www.buenas-noticias.org
Autor: Santiago Abascal, L.C.




¿Cuántas personas puede reunir el funeral de un cristiano de a pie? Quizá cientos. ¿Y si se tratara de una niña? Tal vez mucho menos. Sin embargo, en septiembre del año 2007 se registró un caso excepcional: una pequeña de once años, que para muchos significó un cambio en sus vidas, que les hizo ver el dolor de modo diverso.

¿Su nombre? Gloria Strauss, una niña como cualquier otra. Jugaba a las muñecas, se peleaba con sus hermanos y se reconciliaba, iba a la escuela y hacía su tarea. Llevaba con una vida normal. Como en otras muchas familias católicas de Seattle, en la casa Strauss se rezaba el rosario con frecuencia. Y ahí estaba, inquieta y fervorosa, la pequeña Gloria.

Cuenta Doug Strauss, su padre, que en el año 2003 la niña recibió un golpe accidental en el rostro. Gloria contaba siete años. Al bajar la inflamación quedó un pequeño bulto en su amable carita. Los médicos diagnosticaron una neuroblastoma, un cáncer avanzado. Gloria tendría tres años o tres meses de vida.

Pronto comenzaron las quimioterapias. Gloria perdió su hermoso cabello, pero no su sonrisa habitual. No perdió su alegría. Mantuvo intacto su fervor.

El rosario en familia se volvió comunitario. Asistieron los primos, los vecinos, conocidos y también los extraños. Gloria los recibía a todos con gusto de acercarlos a Dios. El Seattle Times publicó una nota en su periódico que extendió la noticia por toda la nación. Se creó en Estados Unidos una gran cadena de oración.

Gloria cantaba canciones de misa y la gente le seguía. Rezaba el rosario y cientos de personas de todos los credos la acompañaban. Continuó la quimioterapia. No había remedio. Los médicos intentaron un trasplante de células madre extraídas de su propia médula. Pero tampoco dio resultado.

El cáncer avanzaba y la pequeña continuaba su sacrificio. «Ella nos enseñó a todos la manera de llevar una cruz. Nos dio como regalo su propio compromiso en una relación constante con Dios a través de la oración. Ella siempre dijo, “sí”», recuerda Doug.

Por fin, Gloria alcanzó a Dios el 21 de septiembre de 2007, con sólo once años. A su funeral asistieron más de tres mil personas, entre las cuales se hallaba una familia luterana que había abrazado el catolicismo gracias al testimonio de la niña.

Tras estos acontecimientos, un empresario de Seattle ayudó la familia Strauss en la fundación de Gloria’s Angels, una organización que ayuda a familias con algún miembro que sufre una enfermedad grave. Gloria, en vida, cumplió su labor misionera. Ahora consuela niños y familias con su ejemplo y su intercesión.





P.D. «El hombre está loco, dice Dios al ver esta insolencia: no sabe ser feliz. Si no sabe atravesar días malos se perderá totalmente. Si no aprende qué es la aflicción, no sabrá lo que es el descanso» Sigue leyendo

jueves, 3 de septiembre de 2009

El proyecto Blair


El antiguo primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair considera que «una sociedad, para ser armoniosa, tiene que dejar espacio a la fe». Al intervenir ante quince mil personas en el "Meeting por la amistad entre los pueblos", que organiza el movimiento eclesial Comunión y Liberación en la ciudad costera italiana de Rímini, reveló aspectos de su conversión al catolicismo. De hecho, confesó, cuando «se preparaba para entrar en la Iglesia católica, tenía la sensación de que estaba volviendo a casa». Esta conversión, añadió, ha sido facilitada por su mujer y que ha percibido que la Iglesia católica era su casa no «sólo por la doctrina o el magisterio sino por su naturaleza universal».


El fundador de la "Faith Foundation" citó a lo largo de su intervención en varias ocasiones la reciente encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI y aseguró que «merece la pena leerla y releerla, es un contraataque al relativismo». Subrayó asimismo el mensaje de la encíclica, en que se afirma que sin Dios el hombre no sabría adónde ir, por considerar que es de vital importancia para un mundo globalizado como el de hoy. Para que este mundo no se deje dominar por el poder, tiene que tener una fuerza de contrapeso que busque el bien común. En este sentido, explicó que la Iglesia universal, que es un modelo de institución global, tiene que entrar en juego para afrontar los problemas planteados por la globalización. Recalcó que en esta sociedad multicultural es necesario «respetar las raíces judeo-cristianas de los países de Europa, pedir respeto a la identidad de nuestros países, que se ha formado a lo largo de milenios».


Según Blair, «a menudo la religión es vista como fuente de conflicto y tenemos que demostrar que la fe se empeña en construir la justicia. De este modo, mostraremos el verdadero rostro de Dios, que es amor y compasión», aclaró. Una fe que no es una «forma de superstición, sino la salvación para el hombre. Una fe y razón que están aliadas, nunca en oposición, que se dan apoyo, se refuerzan y no que compiten. Por eso la voz de la Iglesia es escuchada, la voz de la fe siempre debe ser escuchada. Ésa es nuestra misión para el siglo XXI».


Por Salvador Nuño, L.C.

Con datos de Zenit, 27-08-2009
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Imagina que no hay cielo

Que pasa banda, como les va, estamos a media semanita, ya me hicieron el comentario de que me estoy excediendo en mis "introducciones" por lo que voy a tratar de ser lo mas breve posible... bueno gracias, los dejo con la siguiente reflexion, espero que les guste y nos haga reflexionar...



cuidense mucho y traten de ser felices...


su amigo

JF Tavares




Imagina que no hay cielo

Fuente: Gama - Virtudes y Valores

Autor: Diego Melgoza, L.C.

Imagine there is no heaven (imagina que no hay cielo), era la letra de la canción Imagine de Sir John Lennon. El ex-beatle británico afirmaba que si imaginásemos que no hay cielo, este mundo sería mejor. ¿Qué pasaría si no hubiera cielo, como dice John Lennon?
Imaginemos cómo sería el mundo si no hubiera cielo. Este mundo que está lleno de sufrimiento y mal quedaría reducido a un absurdo si no hubiera algo más allá que le diera sentido. Todos hemos experimentado momentos difíciles en la vida: la muerte de un familiar, una enfermedad grave, alguna incomprensión de nuestros seres queridos, o el resultado insatisfecho de un proyecto personal. ¿Para qué tantas lágrimas y dolores? Si estamos destinados al sufrimiento, ¿por qué seguir vivir en un mundo donde parece que todo lo que nos rodea nos podrá trae penas? Mejor ahorrarnos las tristezas y acabar con todo para siempre, o al menos esa es la salida que algunos toman cuando pierden la esperanza.
Casi lo mismo sucedería si vemos el otro lado de la moneda. Aunque en el mundo hay sufrimientos y lágrimas, también hay risas y alegrías. A todos nos gusta pensar en el amor tierno de una madre a su hijo, o en el sacrificio que muchos han hecho para salvar sus seres queridos. Pero al ver todo esto, nos damos cuenta del aguijón que acompaña nuestra condición humana. Estas alegrías y risas también se acabarán algún día. ¿Acaso esta madre que ama, no es mortal, y cuando se vaya no va a dejar un vacío en alguien? Si no hay cielo, estas alegrías terminan para siempre.
Así contemplamos lo agridulce de la existencia humana, que parece a veces más agria que dulce. Afortunadamente sólo estamos imaginando que no hay cielo, porque de hecho sí lo hay. El pensamiento de una vida eterna da sentido a toda nuestra vida. Los sufrimientos, que no cesarán por el simple hecho de que haya un cielo, se verán paliados frente a la certeza de que nos espera un lugar donde ya no habrá más lágrimas y dolores, donde Dios mismo secará nuestras lágrimas. El sufrimiento del Hijo de Dios en la cruz, fue la prueba más grande de su amor y con ella dio sentido a nuestro sufrimiento.
Las alegrías pasan también a otro plano, pues nos preparan para el lugar donde las tendremos eternamente. Cuando alguien muere nos duele el pensamiento de que ya no está más con nosotros, que todo se ha acabado. Sin embargo, en el cielo podremos encontrarnos de nuevo a todos nuestros seres queridos y estaremos juntos para siempre gozando de la mayor alegría de todas: estar con Dios para siempre.
No debemos caer en el error de pensar la esperanza en el cielo como una droga paliativa para los dolores de la vida. El cielo es algo real y no un simple cuento de niños. Desde antes de la venida de Cristo muchos pensadores, especialmente los filósofos griegos, afirmaban la existencia de un más allá, una vida después de la muerte. También tenemos el testimonio de muchas personas que, sin ser ingenuas, han dado todo, incluso la vida, por llegar al cielo. Jesús mismo nos prometió que iría a preparar una morada para nosotros en la casa de su Padre y con su resurrección nos lo confirma.
La realidad de un cielo al final de esta vida ayuda a vivir mejor, pues la felicidad pasajera de esta tierra será plena en la vida eterna; así que deja de imaginar que no hay cielo y mejor recuerda que existe de verdad.

¡Vence el mal con el bien!


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lunes, 31 de agosto de 2009

Hay que mojarse



Autor: Fernando Magallanes, L.C.


Son feministas. Mujeres que han aportado mucho a la sociedad y han luchado por la igualdad de derechos y deberes entre mujeres y hombres.
De todo signo político e ideológico, pero con una conciencia común: el aborto no puede ser un derecho.
Son Cristina López Schlichting, María López, María Pelayo, Isabel San Sebastián e Isabel Durán. Madres y periodistas todas. Ellas son las fundadoras de la plataforma "Mujeres contra el Aborto" (http://www.mujerescontraelaborto.com/) y firmantes del manifiesto presentado el miércoles 1 de julio de 2009, en Madrid. Ahora, más de 30.000 mujeres forman parte ya de la plataforma: actrices, cantantes, periodistas, escritoras, empresarias. Se proponen luchar contra el anteproyecto de ley que el gobierno socialista de España quiere sacar adelante. Dicha ley establecería el aborto libre hasta las catorce semanas; o inclusive hasta las 22 semanas de gestación, si se prevé que el niño tuviera malformaciones físicas. Además, podrían abortar niñas de 16 años sin el consentimiento paterno.
Por ello, quieren decir a la sociedad que la vinculación de los conceptos mujer y aborto no es verdadera.
Desligadas del pensamiento único y oficial del feminismo radical, reivindican la maternidad como derecho fundamental de la mujer.
Reclaman redes de asistencia a mujeres embarazadas y planes de ayuda a las que abortan, correctas campañas de información sexual y políticas de adopción de hijos que sus madres no puedan o no quieran hacerse cargo de ellos.
Rechazan el aborto porque es «ética y legalmente inaceptable, no sólo porque aniquila a un ser humano indefenso, sino porque supone una violencia infligida a la dignidad de la mujer».
Firmantes del manifiesto contra el aborto también son Montserrat Caballé, famosa cantante soprano; Inma Shara, directora de orquesta y primera mujer en dirigir una en el Vaticano; Arantza Quiroga, presidenta del Parlamento del País Vasco; Teresa Rabal, actriz y cantante, entre otras. «Son mujeres famosas que representan muy bien la imagen de una mujer que ha aportado mucho socialmente y que no es partidaria del aborto», manifestó Cristina López Slichting, periodista del diario La Razón y presentadora de la cadena radiofónica Cope.
Probablemente las tachen de reaccionarias y retrógradas, partidarias de cierto grupo político o ideológico. Pero Isabel San Sebastián responde que detrás de la plataforma «no está ningún partido político, ni la Iglesia ni la Cope ni nadie».
Por su lado, la periodista y presentadora de la cadena Telemadrid, María López, declaró: «Ya es hora de que se nos escuche; tenemos que levantar nuestra voz. Sabemos que es más fácil callar y mirar hacia otra lado, pero creo que debemos ser valientes». Y subrayó: «Como están jugando con la vida, hay que mojarse».
Y eso es lo que hacen, aunque se comprometa la imagen y el buen nombre. Porque saben que de por medio está la vida del no nacido y la dignidad de la mujer.
Con información del diario La Razón (02 .07.09) y del semanario Alba (3-9.07.09).
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domingo, 30 de agosto de 2009

sábado, 29 de agosto de 2009

Las columnas del mundo

Que pasa banda!!!, como han estado, es sabado por la tarde, ya es fin de semanita, a descansar los que puedan y los que no pues descansen... jejejeje... les vendra bien... hoy me llego este correo, muy interesante que nos puede ayudar, para los que queramos, a ser personas diferentes y autenticas a lo que nos presenta el mundo hoy en dia, por que sin querer seguimos buscando una felicidad verdadera, desafortunadamente la buscamos en cosas que no nos la van a dar, nos siguen engañando con "productos" que te daran la felicidad, pero ohhh sorpresa, solo dura lo que dura, es decir, solo te dura un tiempo corto y luego??? que paso con la felicidad, no me decian que si hacia, me ponia, tomaba, o me comportaba asi era feliz??? tendria la felicidad... pero solo fue una ilusion, que en ocaciones y la mayoria de las veces quedas peor de como estabas y te obligan, por asi decirlo, a buscar mas felicidad en estos "productos piratas"...

entonces banda busquemos la verdadera felicidad, esa felicidad duradera, en donde se encuentra en verdad... y donde se encuentra??? pues por eso aca les dejo este correo que nos puede ayudar poco o mucho en que direccion tomar....

cuidense mucho y traten de ser verdaderamente felices...

su amigo

JF Tavares





Las columnas del mundo

Atrevámonos por unos minutos a coger nuestra vida por las solapas
Autor: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para el amor



Me parece terrible decirlo, pero creo que no exagero ni un átomo si aseguro que noventa y cinco de cada cien habitantes de este planeta no se han preguntado jamás -digo «jamás»-- completamente en serio -digo «en serio»-- cuáles son las columnas sobre las que se apoya su vida, cuál es el eje de su existencia, para qué viven verdaderamente.

¿Y de los otros cinco? Dos se lo preguntaron una vez hace años, y ya lo han olvidado; otros dos se dieron a si mismos respuestas tranquilizadoras, que luego no coinciden en nada con la realidad de lo que viven. ¿Y el último? El último... iba a decir que es el santo, pero diré con más exactitud que es el único hombre que existe de cada cien que pisan este mundo.

Me temo que el lector esté pensando que comienzo estas líneas demasiado duramente, que soy tal vez pesimista, que... no es para tanto. Pero me pregunto si no será bueno comenzar cogiendo el alma por donde quema y enfrentándonos con nuestro propio espejo. ¿Somos realmente seres vivientes? Esta, creo, es la primera y capital de las preguntas a que todo hombre tiene obligación de responder.

Porque ¿qué ganaríamos engañándonos a nosotros mismos si, al final, somos corresponsables de esa mediocridad colectiva del mundo de la que tanto hablamos? Atrevámonos por unos minutos a coger nuestra vida por las solapas.

Y empecemos por preguntarnos cuáles son, en realidad, las columnas que sostienen el mundo en que vivimos. Haced esta pregunta por las calles, y todos os responderán -con impudicia y sin la menor vergüenza- que «el sexo, el dinero y el poder».

Los tres ídolos, los tres quicios, las tres columnas que sostienen el camino de la humanidad. ¿Y no estará el mundo tan enloquecido precisamente por apoyarse en tales pilares casi con exclusividad? Un hombre de hoy triunfa -decimos- cuando tiene esas tres cosas. Y está dispuesto a luchar como un perro por esos tres huesos si están lejos de él.

Naturalmente, no voy yo a decir nada contra la sexualidad, que está muy bien inventada por Dios como uno de los grandes caminos por los que puede expresarse el amor. Hablo aquí del sexo sin amor, que parece ser el gran descubrimiento de los tiempos modernos. Tal vez de todos los tiempos, pero de ninguno con los tonos obsesivos que la erotización ha conseguido en el nuestro, hasta el punto de que hay que preguntarse si no vivimos ya en una civilización de adolescentes inmaduros.

El hombre de hoy no es que disfrute del sexo, es que parece vivir para él. O eso, al menos, quiere hacernos creer el ambiente de nuestras calles, las pantallas de nuestros televisores, el pensamiento circulante de los predicadores de la libertad sexual.

Léon Bloy podría decir hoy más que en su siglo que para el hombre real la mayor de las bienaventuranzas es llegar a morir en el pellejo de un cerdo. ¿ Pero hay algo menos libre que lo que llaman la libertad sexual?

No estoy escribiendo estas líneas como un «moralista». Simplemente como un hombre preocupado. Porque creo que Unamuno tenla toda la razón del mundo cuando aseguraba que «los hombres cuya preocupación es lo que llaman gozar de la vida -como si no hubiera otros goces- rara vez son espíritus independientes». Es cierto: no hay hombre menos humano que el libertino.

Y ese tipo de conquistador se presenta hoy como el verdadero «triunfador» en este mundo. La columna número dos es el dinero -y sus congéneres o consecuencias: el placer, el confort, el lujo-. Si algún dogma vivimos y practicamos es éste: el dinero abre todas las puertas; el dinero no es que dé la felicidad, es que él mismo «es» la felicidad. En conquistarlo invierten los hombres la mayor parte de sus sueños. A él se subordinan todos los valores, incluso por parte de quienes se atreven a predicar las terribles malaventuranzas que Jesús dijo contra los ricos.

Pero los propios cristianos nos las hemos arreglado para que aquello del evangelio -«es más difícil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de los cielos»-- haya preocupado hasta ahora mucho más a los camellos que a los ricos.

Hemos conseguido sustituir esa frase por la que es verdaderamente el evangelio del siglo XX: «Los negocios son los negocios.» Y así es como hemos convenido todos en que «el fin de la vida es ganar mucho dinero, y con él, comprar la muerte eterna», como escribiera Bloy.

Y de nada sirve para alterar nuestro dogma el comprobar que el dinero da todo menos lo importante (la salud, el amor, la fe, la virtud, la alegría, la paz): al fin preferimos el dinero a todos esos valores. E incluso creemos que el dinero da la libertad, cuando sabemos que todos renunciamos a infinitas cotas de libertad para conseguirlo.

Más difícil es aún entender nuestra obsesión de poder. Jefferson aseguraba que jamás comprenderla cómo un ser racional podía considerarse dichoso por el solo hecho de mandar a otros hombres.

Y, sin embargo, es un hecho que el gran sueño de todos los humanos es «mandar, aunque sea un hato de ganado», que decía Cervantes. Sabemos que nada hay más estéril que el poder -ya que a la larga son las ideas y no el poder quienes cambian el mundo--; sabemos que «el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente», pero apostamos por esa corrupción; sabemos que el poder da fuerza, pero quita libertad; pero nos siguen encantando los puestos y los honores aun cuando estemos convencidos de que «la fuerza y el miedo son dos diosas poderosas que levantan sus altares sobre cráneos blanqueados», en frase de Mika Waltari. Mandar, mandar. Seremos felices, pensarnos, el ella en que los que están bajo nuestra férula sean más que aquellos que nos mandan.

Y ni siquiera observamos la terrible fuerza transformadora que el poder tiene: «Te crees liberal y comprensivo -decía Larra-. El día que te apoderes del látigo, azotarás como te han azotado.» Y es que el poder -todo poder- vuelve incomprendido (de ahí la soledad radical del poderoso) y hace incomprensivo: un poderoso no «puede» comprender, no «puede» amar, aunque se engañe a sí mismo con falsos paternalismos.

Maurois tuvo el coraje de confesarlo: «Cuando empecé a vivir en el campo de los que mandan, me fue imposible durante mucho tiempo comprender las penas de los que son mandados». Porque todo poder lleva en su naturaleza la ceguera del que lo posee. Desde abajo se ve mal. Desde arriba no se ve nada: la niebla del orgullo cubre el valle de los sometidos.

Y, sin embargo, ahí está el hecho: la humanidad entera vive luchando como una jauría de perros por conseguir esos tres huesos, dispuestos los hombres a volverse infelices para conseguirlos, seguros de que la felicidad llegará cuando los poseamos. Así, destrozan los hombres hasta su salud para conseguir un dinero y un poder que luego gastarán para recuperar -cuando ya sea tarde- la salud.

En la conquista de esos tres dogmas se apoya el gran sueño de lo que llamamos «vivir la vida». Viven la vida quienes los tienen. Los demás -pensamos- son hombres incompletos.

Y como esos tres dogmas se resumen en uno --el egoísmo--, la búsqueda de los tres es, en rigor, una lucha contra los demás. Porque no son cosas que se puedan compartir: o las tengo yo o las tienen los demás. Habrá que arrebatarlas. Y ya tenemos el mundo convertido en una selva.

Si fuésemos del todo sinceros confesaríamos que es cierta la afirmación de Bloy: «Vivir la vida consiste en adueñarse de la ajena. Los vampiros estarían de acuerdo», ya que en realidad «uno vive su vida cuando ha conseguido instalarse en el firmísimo propósito de ignorar que hay hombres que sufren, mujeres desesperadas, mitos que mueren.

Uno vive su vida cuando hace exclusivamente lo que es grato a los sentidos, sin darse querer darse por enterado de que en el vasto mundo hay almas y que él mismo tiene una mísera alma expuesta a extrañas y terribles sorpresas».

Pero ¿existe verdaderamente un alma? ¿Tenemos verdaderamente un alma? ¿Quién piensa en ella? ¿Quién dedica a su alma y a las columnas que la sostendrían al menos una décima parte del tiempo que vivimos sobre la tierra?

Esta es, me parece, la pregunta verdaderamente decisiva: ¿Hay sobre la tierra otros valores por los que valdría ciertamente la pena de vivir? ¿Otros valores con los que podríamos ser felices? ¿Otras columnas sobre las que nuestra condición humana sería diferente?

Este artículo quiere apostar por una idea absurda: si los hombres, si al menos muchos hombres, construyeran sus vidas sobre columnas diferentes -el amor, la solidaridad, el trabajo, la confianza, la justicia, la sencillez- este mundo sería diferente. Y vividero. Comenzaría a romperse esa soledad que nos agarrota. Ingresaríamos en el mercado común de la felicidad.

Porque es terrible pensar con cuánta tozudez seguimos apoyándonos en las columnas que son la verdadera causa de nuestra desgracia. Sigue leyendo